Didáctica de la Filosofía

Publicado el 2 de Mayo, 2006, 19:02

http://aula.elmundo.es/aula/noticia.php/2006/04/17/aula1144411689.html

TALLER

Aprendizaje filosófico a base de preguntas

JULIA VARELA

La cadena de preguntas no tiene por qué quebrarse nunca. Unos interrogantes llevan a otros, como el hilo que se desenrolla sin cesar de un ovillo abarrotado de confusión. Los sabios siempre han disfrutado con este entretenimiento, aunque la mayoría han adornado con palabras demasiado sofisticadas las cuestiones más simples, aquéllas que un adolescente se plantea sin más un buen día.

La vida, la muerte y la felicidad han conllevado bastantes quebraderos de cabeza a los filósofos. Óscar Brenifier, estudioso de estos autores y escritor de libros infantiles, se ha acercado hasta España para transmitir a los jóvenes un mensaje: ellos solos pueden barajar las cuestiones existenciales, fuera de la aulas y sin necesidad de memorizar interminables páginas.

“Mi intención es cambiar la concepción de esta materia y el modo de impartirla. No se trata de relatar hechos y obras, sino de enseñar cómo se construye el pensamiento. Es pedagogía”, apunta Brenifier, uno de los exponentes del movimiento pro renovación de la práctica de la Filosofía en Francia. Sus libros –que en España ha editado Edebé– y los talleres que organiza en colegios de todo el mundo buscan ese cambio de paradigma.

“Cada volumen se centra en un tema y en torno a él se exponen seis preguntas fundamentales, como por qué vivimos, cuál es la finalidad y la razón, cómo ser feliz, por qué la vida es dura...La base es el diálogo socrático para que el alumno vaya despejando incertidumbres por sí solo ”.

Durante los talleres, el objetivo es que los chavales profundicen en el porqué de sus respuestas y comparen puntos de vista. “Y si quedan preguntas sin contestación, no pasa nada. Un interrogante puede ser apreciado en sí mismo, simplemente porque es hermoso o porque plantea un buen problema”, indica Brenifier. “El joven debe aprender a examinar hipótesis y ser consciente de las limitaciones que entraña una decisión”. Es, en resumen, un aprendizaje que enseña a ser crítico y no conformarse con grabar la lección en la memoria.

“No hay ideas absolutas.El alumno debe criticar y decidir”

Las estrategias de Óscar Brenifier para que los estudiantes rompan el silencio en sus talleres son varias. Uno de los juegos que propone es el siguiente: “Planteo una historia y luego les pido que escriban una moraleja para ella. Después, las leemos y cotejamos las diferentes perspectivas de cada una. Al final, escogemos la que nos parece más adecuada y pensamos el porqué”.El método de este profesor de Filosofía se asienta sobre tres pilares. El primero es la profundización, es decir, comprender la razón de lo que se dice y hace. El siguiente eje fundamental es la problematización, el hecho de criticar y comparar los distintos puntos de vista. La conceptualización o identificación de las palabras clave de un argumento es el tercer eslabón.“Para mí, la idea del trabajo filosófico es presentar opciones y hacer ver a los chicos que no hay ideas absolutas. Cada cual debe atenerse a las limitaciones que se derivan de su decisión”, comenta este escritor. “Mis libros no tratan de substituir las respuestas de padres y maestros, sino que sirven como punto de partida para futuros debates”. Entre los títulos que firma este autor figuran los ocho libros de la colección El aprendiz de Filósofo (L’Apprenti Philosophe), Enseñar mediante el debate, PhiloZenfants y la serie Súper Preguntas orientada a los más pequeños.El origen de los talleres de filosofía para niños está vinculado a la figura del estadounidense Matthew Lipman que presentó un programa lectivo de estas características en el año 1970. Sus orientaciones han servido de guía a numerosos docentes en todo el mundo. Libros como El mundo de Sofía y similares también han intentado fomentar este modo de aprendizaje.

Apuntes

MOVIMIENTO. Oscar Brenifier es un profesor francés –aunque nacido en Argelia– que defiende la renovación de la enseñanza de la Filosofía. Este docente ha viajado a varios países para impartir talleres en los que las preguntas y razonamientos de los jóvenes son los protagonistas de la clase.JORNADAS. Este docente acudió al pueblo madrileño de El Escorial, el pasado mes de marzo, para intervenir en unas jornadas prácticas dirigidas a sus homólogos españoles en esta asignatura.OBRA. Los libros de Brenifier compaginan el rigor filosófico y la seducción literaria que necesita un volumen dedicado al público infantil.DIÁLOGO. Los talleres y publicaciones de este autor galo siguen el método de la mayéutica, el diálogo que empleaba Sócrates con sus discípulos. Así, mediante preguntas, el maestro hace que el alumno descubra nociones que estaban latentes dentro de él.CAPACIDADES. Los debates que promueve Brenifier en sus encuentros con estudiantes intentan fomentar las capacidades de profundización, crítica y conceptualización de argumentos entre el alumnado.LIPMAN. El programa Filosofía para Niños del estadounidense Matthew Lipman fue el primer intento de sacar la asignatura fuera de las aulas. Su propósito es desarrollar el pensamiento analítico entre los chicos, no para convertirlos en filósofos profesionales, sino para que encaren las cuestiones existenciales de una forma creativa y sin miedos.

RELATIVISMO

La comunicación directa con los estudiantes durante los talleres permite a Óscar Brenifier conocer cuáles son sus verdaderas preocupaciones. “Me he dado cuenta de que sus preguntas no distan demasiado de las que se han planteado los sabios a lo largo de los siglos.La única diferencia es que los chicos no las revisten de un lenguaje complicado. En el fondo, son temas banales”, comenta este escritor.Asimismo, las horas de amena conversación con los alumnos de colegios de países tan diferentes como Noruega, Mali, Irán y Rusia le han aportado datos suficientes para aunar conocimientos académicos y empíricos en sus libros. También ha podido comprobar las diferencias entre la actitud del alumnado: “Los adolescentes españoles están acostumbrados a dialogar mucho más que los franceses, por ejemplo. Éstos últimos copian los apuntes en silencio, mientras el maestro habla. No obstante, en España, los chavales no quieren criticar, sus argumentos son relativistas. La crítica y el análisis son sus puntos débiles. En muchas ocasiones, confunden la idea de criticar una opinión con la de criticar a quien opina”.