Didáctica de la Filosofía

Publicado el 1 de Marzo, 2006, 8:58

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La filosofía y su exposición.

Carlos Araya
La filosofía hasta ahora no se ha preocupado adecuadamente de su exposición, su materialidad siempre se ha dejado en segundo plano, desdeñando su carácter didáctico, la tarea pedagógica. Con ello su exposición ha sido generalmente pobre o sobrestimada –de esto ultimo, que sobre valoramos la exposición hasta emborracharnos con las ciencias pedagógicas-, Lo escrito, hablado, y expuesto en clases de filosofía no dista mucho de ser en términos más complejos una disertación, entendida en términos escolares. Si nos preocuparnos de su forma nos daríamos cuenta que en dicha problemática se encuentra su real problema, es decir; en el problema de su exposición se encuentra escrito el desarrollo de sus filosofemas.
Realizar la división entre contenido y forma, ha sido con ello el peor supuesto que ha poseído la filosofía, es decir; suponer que existe una esencia-conocida que es transmitida-expuesta, y que por ello, el único sentido que tendría el preocuparnos por su exposición seria la limpia comunicación.
Es de advertir en nuestra experiencia que el contenido y forma nunca están separados, jamás hemos experimentado de esa manera; cuando nos hablan, cuando escribimos, cuando realizamos gestos faciales, todo importa. Sin embargo esto no significa que todo comunique algo, como lo ha entendido la semiótica, esto seria nada más que volver a la dicotomía (contenido/forma) de una manera más compleja, sino entender que en ese todo existimos, somos esa expresión, en ella habitamos, nuestro cuerpo, nuestra voz, nuestro calor. Una representación similar, y más general, que nos ayuda a entender el prejuicio del que escribo, es la dicotomía entre interioridad y exterioridad. Pareciera que la filosofía siempre se ha preocupado de una cierta interioridad de ella misma, y que existirían también intentos novedosos de preocuparse por la exterioridad. Tanto un movimiento como el otro causan el mismo efecto, el alejarnos de nuestra manera de experimentar –aunque creo, esto no sería posible-.
Con todo, podríamos preguntarnos entonces ¿posee en su interioridad algo la filosofía? o reformulando la pregunta ¿conoce algo la filosofía?. Suponer que ella efectivamente conoce algo, es suponer que tiene algo que decir y que ello no depende en ninguna manera del como lo diga.
Por otra parte, pre-ocupándonos de nuestra exposición y exponiendo nuestra ocupación, no podemos tampoco suponer que alegando a que en experiencia se da siempre exposición, dejemos a su suerte nuestras ya rígidas acciones expresivas; nuestra preocupación por la exposición de la filosofía, contempla que requerimos de un cierto gesto para salir de nuestro mal-estar en la filosofía, pre-ocupación de la exposición que debe llegar solo hasta que la exposición se deje de preocupar por si misma y se ocupe de su misma exposición.
El método, debiera ser en filosofía el modo de escapar a la pre-ocupación de si misma de su anticipación en sistemas. y la llegada de la auto exposición de la experiencia, experimentar la verdad.
La experiencia, es en esencia interrupción, la contemplación es mirar el objeto nuevo y empezar de nuevo.
La escritura por su parte, se da propiamente de esta forma (fíjese como caigo en la misma dicotomía que critico); es fragmentaria y empieza siempre de nuevo.
El ensayo, la repetición género por excelencia de la filosofía, enriquece estas características fragmentarias.